De Cyril Connolly
Estamos ante uno de los ensayos literarios más novedosos y brillantes del siglo XX. Su autor, el británico Cyril Connolly, vertió en él toda la amargura de un escritor incapacitado para la ficción y la de toda una generación que malgastó su juventud en las infectas trincheras de la Primera Guerra Mundial. Es el libro de un autor muy culto y lleno de ideas fragmentarias, desperdigadas pero siempre brillantes. Su título hace alusión a Palinuro, el piloto de la nave que condujo a las huestes del héroe troyano Eneas por el Mediterráneo hasta tierras de Italia, donde sus descendientes fundarían Roma. Es el mismo personaje mítico que retomaría en la década de 1980 nuestro Fernando del Paso para escribir una pantagruélica novela, titulada Palinuro de México. La tumba sin sosiego es el mar, entre cuyas ondas se desploma el piloto después de avistar tierra, pues llevaba varias noches sin dormir. Palinuro es así una metáfora del vigía, del pensamiento crítico que se mantiene despierto entre las tinieblas de la época que le ha tocado vivir. (De manera semejante, se decía que el gran prosista venezolano José Antonio Ramos Sucre, quien padecía de insomnio por causa de un mosquito tropical y cuya patología lo condujo a la tumba, era la inteligencia crítica que se mantuvo despierta a lo largo de varias décadas y dictaduras militares en el país de Hugo Chávez.) No deje de solicitar esta obra, suma de la cultura literaria europea de varias centurias, tan amena como erudita, en las bibliotecas públicas de Coahuila.
