lunes, 28 de enero de 2013

Costumbres solitarias (2)

Diario de intemperie

Durante una parranda en Guadalajara, M. dice: “No te preocupes, hombre”; P. se tranquiliza, aun a sabiendas de que ambos están en temporal bancarrota. En la madrugada, el primero liquida su habitación y toma un autobús rumbo a Saltillo, mientras su camarada se queda, dormido todavía, sin un peso en el bolsillo para pagar la estancia en el hotel. En la mutua ebriedad, que les dura hasta el siguiente mediodía, ninguno recuerda haberse quejado ni haber prometido algo. El mensaje parece ser el mismo del cineasta Werner Herzog: “Que cada quien se valga por sí mismo, porque Dios se acerca armado contra todos nosotros”.