lunes, 21 de enero de 2013

Costumbres Solitarias

Diario de Intemperie

Se emborracha a solas cuando trae dinero en el bolsillo. Para que le rinda, pues invitar a alguien es además de ruidoso, ruinoso. Mejor ahorrarse hasta las palabras, en los días de vocinglería y calamidad. Días después, ya que se le terminan las monedas, busca a algún camarada en la cantina donde siente que es más probable encontrarlo. Se encuentran y fingen no mirarse, pero al final se saludan al pie de la radiola. Ninguno de los dos dice nada, enfrentados con la puntualidad de una cita no acordada. Beben, pues, en silencio. A la hora de pagar la cuenta, se miran azorados el uno al otro: ninguno de los dos tiene dinero. ¿Qué harán para salir de la cantina, ahora convertida en cárcel de su avaricia?