lunes, 28 de enero de 2013
Barroso
Diario de intemperie
En el tablero del tiro al blanco, toda una galería de premios exóticos: botellas de refresco Bimbo y Canada Dry, cajetillas de cigarros Rialtos, Tigres, Carmencitas. He aquí, en la feria nómade, en el eterno retorno del circo, todo un altar de lodoso barroco trashumante. ¿Reventarás con el dardo alguno de los globos de colores? ¿Ensartarás con el aro el cuello de la botella? Te mancharás el hombro de grasa al pasar por los caballitos. Verás pedazos de arco iris que filtra la tambaleante rueda de la fortuna, asentada en el lodo. La risa de los niños llega más pronto que los pájaros al umbral del paraíso.Costumbres solitarias (2)
Diario de intemperie
Durante una parranda en Guadalajara, M. dice: “No te preocupes, hombre”; P. se tranquiliza, aun a sabiendas de que ambos están en temporal bancarrota. En la madrugada, el primero liquida su habitación y toma un autobús rumbo a Saltillo, mientras su camarada se queda, dormido todavía, sin un peso en el bolsillo para pagar la estancia en el hotel. En la mutua ebriedad, que les dura hasta el siguiente mediodía, ninguno recuerda haberse quejado ni haber prometido algo. El mensaje parece ser el mismo del cineasta Werner Herzog: “Que cada quien se valga por sí mismo, porque Dios se acerca armado contra todos nosotros”.viernes, 25 de enero de 2013
La Tumba sin Sosiego
De Cyril Connolly
Estamos ante uno de los ensayos literarios más novedosos y brillantes del siglo XX. Su autor, el británico Cyril Connolly, vertió en él toda la amargura de un escritor incapacitado para la ficción y la de toda una generación que malgastó su juventud en las infectas trincheras de la Primera Guerra Mundial. Es el libro de un autor muy culto y lleno de ideas fragmentarias, desperdigadas pero siempre brillantes. Su título hace alusión a Palinuro, el piloto de la nave que condujo a las huestes del héroe troyano Eneas por el Mediterráneo hasta tierras de Italia, donde sus descendientes fundarían Roma. Es el mismo personaje mítico que retomaría en la década de 1980 nuestro Fernando del Paso para escribir una pantagruélica novela, titulada Palinuro de México. La tumba sin sosiego es el mar, entre cuyas ondas se desploma el piloto después de avistar tierra, pues llevaba varias noches sin dormir. Palinuro es así una metáfora del vigía, del pensamiento crítico que se mantiene despierto entre las tinieblas de la época que le ha tocado vivir. (De manera semejante, se decía que el gran prosista venezolano José Antonio Ramos Sucre, quien padecía de insomnio por causa de un mosquito tropical y cuya patología lo condujo a la tumba, era la inteligencia crítica que se mantuvo despierta a lo largo de varias décadas y dictaduras militares en el país de Hugo Chávez.) No deje de solicitar esta obra, suma de la cultura literaria europea de varias centurias, tan amena como erudita, en las bibliotecas públicas de Coahuila.
Fósil
Diario de intemperie
Y luego esa radiografía de cuando me fracturé una pierna, que uso ahora junto con la escoba para recoger la basura doméstica. El hueso parece un fantasma sobre la mesa de una espiritista, con su bastón de hierro; emulsión lechosa que se condensa como una estalactita, con sus huecos y sus filos; la noche excluye de esta postal interior el abigarrado paisaje de venas, músculos y arterias, hasta donde jamás descenderá mi hígado o mi páncreas bajo la forma de una hiena o de una pantera.lunes, 21 de enero de 2013
Costumbres Solitarias
Diario de Intemperie
Se emborracha a solas cuando trae dinero en el bolsillo. Para que le rinda, pues invitar a alguien es además de ruidoso, ruinoso. Mejor ahorrarse hasta las palabras, en los días de vocinglería y calamidad. Días después, ya que se le terminan las monedas, busca a algún camarada en la cantina donde siente que es más probable encontrarlo. Se encuentran y fingen no mirarse, pero al final se saludan al pie de la radiola. Ninguno de los dos dice nada, enfrentados con la puntualidad de una cita no acordada. Beben, pues, en silencio. A la hora de pagar la cuenta, se miran azorados el uno al otro: ninguno de los dos tiene dinero. ¿Qué harán para salir de la cantina, ahora convertida en cárcel de su avaricia?Un Pequeño Lujo
Diario de Intemperie
Servilletas de papel de colores —rosa, amarillo, melón—, dobladas como alcatraces dentro de vasos de cristal empañados, surcados por opacas rajaduras, en los que recientemente había ardido la cera de las veladoras: flores más naturales que las de plástico, humilde distinción de las fondas de comida corrida, y de las fiestas de XV años en los patios de tierra de las casas suburbanas.
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