lunes, 3 de diciembre de 2012

Una suposición

Dos niños, de tres y cuatro años de edad, en la calle vacía, en el gélido aire del alba, sin calcetines, esperando ansiosos a que abra una tienda de abarrotes del barrio, donde comprarán dulces. Minutos después, sonríen beatíficamente, como si se estuviesen abriendo para ellos las puertas del cielo, sobre desfiladeros de nubes —suponiendo que los niños necesiten del cielo para ser felices.
De senectute. Irónico resulta preguntar:
— ¿Qué hay de nuevo, Rufino?
En su librería de viejo. A sus sesenta años de edad.