lunes, 3 de diciembre de 2012

Cartas a Lucilio

De Séneca

En los últimos años, se ha intentado recuperar a Epicuro, Epicteto y Séneca, filósofos y moralistas clásicos, como autores de superación personal. La propuesta mercadológica es acertada, pues gracias a ediciones pulcras y elegantes, de módico precio, estos gigantes del pensamiento pueden asomarse a las oficinas, a los hogares y al transportes público como lo hacen el viento, la lluvia o el crepúsculo: esto es, de una manera tan viva como inmemorial, tan concreta como transparente. Las ideas y las emociones de los hombres no cambian radicalmente con el paso de los siglos: el miedo, la ambición, la vanidad son los mismos en los templos y las albercas romanas que en los ascensores, las salas de cine y los malls de nuestros días. Así pues, las cartas escritas por Séneca a su amigo Lucilio nos instruyen de manera atenta y profunda, tocando temas como la amistad, los libros, la vida familiar, el servicio público, las mujeres y los niños, la templanza ante la muerte, la probidad en los empleos, la audacia de los auténticos varones, etcétera. Séneca, quien fuera pedagogo y después consejero del emperador Nerón, fue uno de los sabios más notables de Roma y también uno de los hombres más experimentados y eruditos de cualquier época. Si alguien sabe de la vida y de los libros, a un tiempo de filosofía y de política, es él. De manera que leerlo es tomar como maestro a alguien que dictaría actualmente cátedra en las mejores universidades de Estados Unidos y Europa.