lunes, 3 de diciembre de 2012
Una suposición
Dos niños, de tres y cuatro años de edad, en la calle vacía, en el gélido aire del alba, sin calcetines, esperando ansiosos a que abra una tienda de abarrotes del barrio, donde comprarán dulces. Minutos después, sonríen beatíficamente, como si se estuviesen abriendo para ellos las puertas del cielo, sobre desfiladeros de nubes —suponiendo que los niños necesiten del cielo para ser felices.
De senectute. Irónico resulta preguntar:
— ¿Qué hay de nuevo, Rufino?
En su librería de viejo. A sus sesenta años de edad.
De senectute. Irónico resulta preguntar:
— ¿Qué hay de nuevo, Rufino?
En su librería de viejo. A sus sesenta años de edad.
Ensayistas Ingleses
Varios autores
Los ensayistas ingleses, a diferencia de los franceses y los alemanes, rinden culto al sentido común. Su prosa es sobria y moderada, propone ideas practicables, no se difumina en el sentimiento ni se desvanece en la fantasía. Una larga lista de autores da constancia de esta consistencia a lo largo de cuatro siglos. Desde el elegante Francis Bacon, uno de los fundadores de la prosa inglesa, hasta lord Bertrand Russell, filósofo a la altura de David Hume, estos ensayistas han sabido mantenerse cercanos a su público, sin traicionar su estilo ni sus ideas. Hablamos de una tradición que incluye al erudito Samuel Johnson, autor del primer diccionario razonado de la lengua inglesa, de narradores como Jonatan Swift y Thomas de Quincey, de poetas de la altura de S. T. Coleridge, de críticos de arte como John Ruskin y Walter Pater, de novelistas como Robert Louis Stevenson o historiadores como Thomas Macaulay, sin olvidar naturalmente al maestro del ensayo inglés, al árbitro del estilo, al amo de la prosa Oscar Wilde. Más allá de las novelas mundanas o artificiosas y de la poesía, limítrofe del silencio, la prosa de ideas está cerca del comercio cotidiano y de la conversación. Es el alimento de la convivencia civilizada, en el hogar, en el café y en el salón de fiestas, que encuentra en los libros la expresión equilibrada de sus confusos anhelos e impulsos. La vida pública en un municipio o en un país gana cuando sus participantes se acercan a libros de este calibre, siempre abiertos para quienes los buscan.
Exotismo
¿Mis países favoritos? Etiopía, Filipinas, Paraguay. Pequeños, lejanos y abigarrados, es posible soñarlos, imaginar su flora y su fauna, sus edificios y sus personajes, sus muebles y utensilios, sus escrituras y sus herramientas de trabajo, sus archivos y sus crónicas, sus mujeres y sus modas, todo ello de una manera particularizada, al margen de las vastas corrientes simplificadoras de la historia.
La viga maestra
Autobiografía, pues, como futuro sido, y como proyecto antológico de construcción de la persona.
Simultaneidades. Visto de lejos, visto de cerca, por encima y por debajo, desde sus propias entrañas, el tiempo no es sucesivo, sino simultáneo. Vivimos en todo momento una yuxtaposición de tiempos que se interfieren, que se contradicen, que se empalman, que se extralimitan.
Agenda. Oh la rutina, sólo interrumpida por el éxtasis y el crimen.
Simultaneidades. Visto de lejos, visto de cerca, por encima y por debajo, desde sus propias entrañas, el tiempo no es sucesivo, sino simultáneo. Vivimos en todo momento una yuxtaposición de tiempos que se interfieren, que se contradicen, que se empalman, que se extralimitan.
Agenda. Oh la rutina, sólo interrumpida por el éxtasis y el crimen.
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