De Michel de Montaigne
Los Ensayos de Montaigne constituyen, por la vastedad de sus temas, una de las primeras enciclopedias modernas. Deudor de Aulo Gelio y de Plutarco, el Caballero de la Montaña, como también se le conoce, con un mote que lo hermana con nuestro Francisco de Quevedo, es un sabio moderno, que rechaza los dogmas y aboga por la libertad de conciencia. Montaigne recupera la sabiduría de los griegos y los latinos para injertarla como una de las raíces más vivas y profundas de la cultura moderna. Sus ensayos funcionan, todavía ahora, como una vasta y profunda introducción a aquellas grandes culturas, sobre todo a su literatura y su filosofía, pero también a sus ciencias naturales y ocultas, a sus artes mecánicas, etcétera. Todo ello expuesto en una de las prosas más vigorosas y lúcidas de que se guarde testimonio, un monumento estilístico que constituye una de las bases de la literatura francesa. El nombre de Montaigne se eleva junto al de titanes como Galileo, Descartes, Miguel Ángel en la construcción de la conciencia moderna, una mentalidad emancipada del fanatismo religioso, refrescada en el océano grecolatino y abierta a las primeras emanaciones culturales del Lejano Oriente. Su lectura, aún al día de hoy, es aleccionadora y vivificante para quien se deje seducir por una prosa transparente, una sabiduría sin secta ni partido y un acento profundamente humano, que habla sin solemnidad y sin grandilocuencia a cualquier época y cultura.
