jueves, 15 de noviembre de 2012

El amante de Lady Chaterley

De D. H. Lawrence

La revolución sexual de la década de 1960 está contenida y prefigurada en esta novela publicada en 1928, entre las dos guerras mundiales. D. H. Lawrence fue, junto con el filósofo Bertrand Russel, uno de los principales impugnadores de la moral victoriana, a la que denunciaron como opresiva de la libertad y la felicidad social. El personaje de Lady Chatterley, una mujer encarcelada en la jaula jurídica del matrimonio, vendrá a encarnar no sólo las nuevas costumbres sexuales sino también el feminismo como emancipación sexual e intelectual tanto de las mujeres como de los hombres. (Como decía Octavio Paz, cuando una mujer se libera, libera a todo el género humano). Es un personaje cinematográfico, más simpática que Scarlet O’Hara, audaz e inteligente, culta e irónica, que no habría podido interpretar Marilyn Monroe, esa actriz sensual e indefensa, demasiado corporal y sin carácter, pero sí Elizabeth Taylor, por ejemplo, sobre todo después de filmar “Quién teme a Virginia Woolf”. Como sucede con la personaje de la “Venus de las pieles” de Léopold Sader-Masoch, el inventor del masoquismo, su elegante sensualidad nada tiene de vulgar ni de mal gusto. Después de sesenta años de represión sexual en Inglaterra, correspondientes a la época victoriana y eduardiana –y que curiosamente se correspondieron con la Belle Epoque francesa, uno de los períodos más libertinos y rumbosos de la penúltima modernidad-, Lady Chatterley emerge como uno de los personajes más vigorosos y entrañables del fenecido siglo XX.